jueves, 13 de mayo de 2010

El mismo desagrado y la misma rabia

En estos dias en los que tanto se ha hablado de clandestinidad e inmigraciòn tuve la oportunidad de captar una frase pronunciada por uno de los miles de politicos de “sinistra”, “destra, “comunisti”, “facisti”, “ leghisti” que “honran” a Italia desde hace décadas. “¡Mi tío también fue emigrante! ¡Recuerdo a mi tío marchar con la maleta de tela a América!” O algo similar. Pues no, amigo mio. No. No es la misma vaina. Y no lo es, por dos motivos bien sencillos.

El primero es que, en la segunda mitad del XIX, y la primera del siglo XX la oleada migratoria hacia América toda no se realizó de una forma clandestina ni por prepotencia de quien la efectuaba. Fueron los amèricanos los que la querian y la solicitaron. Y por disposiciónes bien concretas de los gobiernos “yankee”, venezolanos, brasileros, argentinos, uruguayos que gritaban a toda voz : “Vengan, vengan, que los necesitamos. Vengan y les daremos un buen trozo de tierra. Vengan y les daremos un sueño”. La Argentina se convirtiò en el gran granero de Italia hasta finales del fascismo, el segundo estadio de fùtbol màs importante de Brasil y entre los màs importantes del mundo responde al nombre de “ Grande Palestra d’Italia” y con sede en Sao Paulo, centro industrial del coloso amazònico recibe semanalmente sobre su ceped al Sao Paolo que no es màs que uno de los muchisimos equipos profesionales de fùtbol y con gran historia fundados por italianos en toda sudamèrica. En Venezuela sus bolsillos se llenaron con la construcciòn, la carpinteria, la albañileria y la zapateria. En el desierto de Nevada construyeron Las Vegas, en la “gran manzana” mantienen aùn hoy un pedacito cultural de su querida Italia. Y no solo eso, actualmente se calculan cerca de unos 35 millones de italianos entre emigrantes y descendientes a todo lo largo y ancho del continente de las grandes luchas de independencia e igualdad, en las tierras de los grandes sueños y los experimentos fallidos. Los estadounidenses han hecho incluso entre otras tantas,una pelicula sobre el tema, protagonizada por Tom Cruise y Nicole Kidman, cuyo final de gran contenido semiòtico me llamò muchisimo la atenciòn. Se trata de la escena en la que los desgraciados corren para plantar su bandera blanca en el terreno que les fuè ofrecido y que serà de ellos. Pero cierto, nada es fàcil en la vida y sòlo los màs jóvenes y los màs fuertes lo consiguen. Los demàs se quedan con un palmo de narices o “ponchaos” como se dice por mis lados y algunos hasta mueren en la carrera.

Que yo sepa, en Italia nunca hubo una decisiòn del Parlamento invitando o solicitando a sus huèspedes a abandonar sus paises. “Vengan, vengan, que los necesitamos. Si vienen les regalamos una finca en Chianti o en Rieti”. Han llegado aqui por propia iniciativa, con sus malditas “chalanas” y ante las caras de los carabineros que intentan hacerlos regresar. Màs que una emigraciòn es, una invasiòn efectuada bajo la consigna de la clandestinidad. Una clandestinidad que preocupa porque en muchos casos no es una clandestinidad bondadosa y dolorosa y en otros casos es impuesta de manera arrogante y protegida por el cinismo y la falsedad de los politicos que cierran un ojo y, a veces, los dos ante ella. O fometada por los diplomàticos que venden por unos cuantos miles de euros “permessi di soggiorno” (visados) falsos en las embajadas y consulados de Dakar o Adis Abeba o ciudadanias falsas en los degradados territorios somalos, eritreos, etiopes y libios a quienes de manera absurda y vergonzosa se les conquistò bajo la forma de colonizaciòn imperial en pleno siglo XX por antojos y caprichos del fascismo tal y como un recordado conocido somalo me comentase en el autobùs de la ruta Mestre-Tessera en la provincia de Venezia hace casi un año y medio mientras recorriamos el trayecto en una noche cualquiera y por casualidad ante la mirada de desagrado y rabia de una de mis compañeras de trabajo que no lograba entender ni aceptar que yo hablase con el negro. O como me lo confirmasen en otro momento conocidos senegaleses y etiopes, gente de esa que se encuentra por la vida, por la ruta, por la carretera, haces dos conversaciones y te los llevas en el recuerdo.

Pero una cosa si es cierta: la razòn por la que esas personas, a quienes nosotros decidimos llamar clandestinos, deciden viajar por dos años a travès del desierto y luego embarcarse sobre un bote tantas veces improvosado es la misma por la cual a lo largo de 109 años contados a partir de 1861 y hasta 1970, 18 de esos 35 millones de italianos segùn estadisticas oficiales, decidieron aventurarse hacia la otra orilla del charco generando de este modo lo que se conoce como la mayor emigraciòn de masas en la historia de los pueblos. Un èxodo de magnitudes biblicas.

“Italia se ha enriquecido tirando a sus pobres al mar...” “La Amèrica llama e Italia los manda...” “Cree en tus sueños, trabaja en Amèrica” “Mamma dammi 500 lire che vado in Venezuela” son solo algunas de las consignas publicadas en la propaganda a favor y en contra de la emigraciòn durante los años 50 y 60 que vi hace poco en un documental sobre el tema.

El segundo motivo, amigo mio, sobrino del tío de la maleta de tela, lo entendería incluso un carajito de primaria. Para exponerlo, bastan un par de elementos. Uno: América es un continente. Y hasta la primera mitad del siglo XX, dicho continente estaba casi despoblado. La mayoría de la población se condensaba en las capitales y centros industriales mientras inmesos territorios llenos de riquezas quedaban a la buena de Dios o en manos de los odiados latinfundistas. Pues bien, Italia no es un continente. Es un país muy pequeño y muy poblado, demasiado poblado y con una escaza juventud que muchas veces se encuentra poco preparada.

Dos: Amèrica el continente, es bastante joven. Piensa, amigo mio, que las Guerras de la Independencia tuvieron lugar a finales del 1700 e inicios del 1800, se deduce, pues, que apenas tiene 200 años y se entiende por què su identidad cultural no està todavía bien definida, lo que significa que no es propiamente porque seamos imbeciles. Italia, por el contrario, es un pais muy viejo. Su historia tiene al menos 3.000 años. Su identidad cultural es, muy precisa y, dejèmonos de tonterías, no està dispuesta a prescindir de una religiòn que se llama la religiòn catòlica y de una iglesia que se llama la Iglesia Catòlica, Apòstolica y Romana. La gente suele decir: “No quiero tener tratos con la Iglesia catòlica”. Pero de bolas que los tienen. Y muchos. Me guste o no. Hoy vivo en un paisaje de iglesias, conventos, cristos, vírgenes y santos que me agobia en una monotonia casi profunda como el fondo del mar. El primer sonido que oigo todas las mañanas es el sonido de las campanas. Las campanas de Via Cintia, cuyos tañidos sofocan con su chàchara la tranquilidad de los muros de mi casa y el placer de mis sueños. Y con ese sonido y en medio de ese paisaje vivo. Pero dentro de ese sonido y de ese paisaje algo bueno hay, aprendo què es la arquitectura, què es la escultura, què es la pintura y què es el arte con tan solo ver y respirar. Y a travès de esa iglesia (despuès rechazada) comencè a preguntarme hace mucho tiempo què es el Bien, què es el Mal...

Y aunque la historia y el valor cultural de Italia es incalculable, debemos admitir ciertas cosas: no es dejar morir en las aguas del maravilloso Mediterraneo a una madre con su cria lo que Italia necesita. No es explotar a los africanos, exclavizados en los cultivos de tomates lo que Italia necesita, africanos EXCLAVIZADOS una vez màs. No es hacer campañas mediàticas que cargan contra rumenos, albaneces, musulmanes o hispanoamèricanos lo que Italia necesita. No es limpiar ètnicamente pueblos y ciudades lo que Italia necesita. No es dejar tàcitamente e indiferentemente en manos de Cosa Nostra, Camorra, ‘Ndranghetta o Sacra Corona Unita el control de los inmigrantes en el sur de Italia lo que Italia necesita. No es cargar con la violencia propia de quien no conoce razòn y disparar a sangre fria contra los inmigrantes como en los recientes hechos de Rosanno o Castel Volturno lo que Italia necesita. No es gritar “Italia cristiana jamàs musulmana” lo que Italia necesita, ni decir “nunca aceptaremos tener un presidente negro y nunca lo tendremos”. Como tampoco es dejar entrar libremente a todos los que vengan, lo que Italia necesita. No es nada de esto lo que Italia necesita para proteger su cultura, para proteger sus raices, para proteger su identidad.

Con la humildad digna de quièn proviene del tercer mundo, considero que lo que Italia necesita no es màs que un Estado serio y coherente gestionado por personas serias, coherentes y responsables sin vinculaciones con la mafia y que con sinceridad combatan realmente a la mafia sin demagogia ni permisibilidad y que piensen en progreso, que piensen en el siglo XXI, en caminar de la mano con los cambios globales y no en mantener la riqueza antes lograda, màs continuar a desarrollarla o en mantener con viejos sistemas las cansadas industrias creadas con los màs de 60 millardos de dòlares aportados en la dècada del 50 por los Estados Unidos, la neonata ONU y el resto de los paises amèricanos en lo que se llamò “Plan Marshal”. Fondos ademàs que Italia nunca debiò pagar.

Lo que Italia necesita es una apertura hacia la modernidad, una revoluciòn de la conciencia. No son modernidad solamente “las pasarelas de Milano” o las obras de arte en forma de autos firmados por el legado del ingenio creador de Enzo Ferrari o Tonino Lamborghini. Y no se acerca siquiera a la modernidad pensar que el trabajo ennoblece al hombre, no. No es asi, con esa consigna sies millones, leelo bien querido amigo, sobrino del tio de la maleta de tela, seis millones de judios de toda Europa incluida Italia, marcharon en fila india hacia el genocidio y la muerte en los campos de concentraciòn.

Lo que Italia necesita es un politica migratoria planificada y contralada, en donde se acepte a aquellos que realmente puedan entrar. Màs esto no significa que el resto deba ser botado al mar y convertidos en sombras que viven en los puertos marinos, territorios internacionales saltando hoy hacia Italia, volviendo maña a Grecia y luego saltando de nuevo hacia Italia si no es que antes mueren ahogados, deshidratados o de hambre. No.

En primer lugar, amigo mio, deberias pensar en educar bien a tu sociedad. En sacarla de ese letargo mental y anacronismo de las ideas que los hace vivir en gran medida aùn en los años 40-50 con convecionalismos y prejuicios que màs que obsoletos son aberrantes y llevarlos hacia el siglo XXI.

Debes ademàs entender que si los romanos mezclaban politica y espectàculo para darles al pueblo “pan y circo” porque solo asi, manteniendo al pueblo distraido en un confusa mezcla entre politica y esptàculo los aristocratas lograrian gobernar siempre, està muy bien. Si. Pero los romanos vivieron hace 2.625 años y hoy politica y espactàculo no pueden ir de la mano, tu, ustedes, no pueden controlar la mente de las personas con el control remoto de un televisor.

Decir: “Nosotros no queremos una Italia multiètnica” es sumamente contradictorio con la frase que hace poco te captè. Y demuestra ademàs, que no conoces ni a tu pueblo ni a tu pais con sus casi 3.000 años de historia. Italia es multiètica desde que el grandioso Alejandro Magno conquistò todo el mundo para aquel entonces conocido, trazò nuevas vias y uniò a Europa e India en lo que se llamò la “ruta de la seda” mucho antes de que Ròmulo y Remo pensaràn en ser amamantados por una loba. Son casi incontables las formas dialectales que se hablan en tu bota y eso demuestra que naciste en una sociedad multiètnica.

Mi querido amigo, espero que algun dia tu tio, el de la maleta de tela aventurado hacia Amèrica te haya contado a travès de algùn “telegraamma” o “cartolina” que dijera “I love NY”, “I like the Little Italy”, “I’m an autentical italianamerican”o “The Italian stallion” (con el rostro de Silvester Stallone) còmo ellos despuès de dos, tres o cinco años de arduo trabajo recibian la ciudadania estudiando la historia y tradiciones amèricanas. Historia y tradiciones muy jovènes y no muy precisas pero que le aportaban a esa gente la posibilidad de una nueva identidad y de una veloz inserciòn social, sin pedir siquiera, sin atreverse a exigerles que abandonaran o olvidaran sus raices. Asi chinos, africanos, hispanos, polacos, rusos, judios, musulmanes y hasta italianos, cantan hoy un solo himno bajo una unica bandera a barras y estrellas pero sin olvidar nunca de donde provienen. Asi, en otros paises, quizàs sin esa organizaciòn pero con la autèntica simpatia de niños virgenes e inocentes, los italianos se unieron a otros pueblos, construyeron riqueza y mucho màs... Construyeron naciones enteras de la mano con otros. Aprendieron a ser venezolanos, argentinos, uruguayos, brasileros. Aprendieron a ser sudacas. Pero como los africanos, españoles, portugueses, judios, protestantes, musulmanes, polacos, ingleses, alemanes y hasta indios, nunca han olvidado de donde provienen.

Solo asi, mi querido amigo, Italia podrà proteger su milenaria cultura e identidad y convivir con quien la viene a visitar. Enseñando a ser italiano a quien no lo es pero que desearia serlo, mas sin exigirles que cancelen sus raices, ni lanzarlos al mar o dejarlos a la sombra de la sociedad en la forma de CLANDESTINOS.
Solo asi. Sin pensar que Francia, Inglaterra, Canadà, Australia o Estados Unidos, son sociedades màs avanzadas porque si y ya!. No, no. Lo son simplemente porque han sabido aprovechar la multiculturalidad y conjugar el espiritù de las razas en medio de la inmigraciòn con resultados coherentes aunque muchas veces despuès de procesos violentos como es normal que suceda en todas partes.

Solo asi, permitiendo a Mario Ballotelli, italiano, “italianissimo” vestir la “maglietta azzurra” en el mundial de sudafrica a pesar de su piel negra como la noche sin luna y de su ascendencia nigeriana. Solo asi, entendiendo que el hijo de mi amigo Carlos, ecuatoriano casado con una rumana, es italiano por ser nacido en Italia y no solo yo que nacido en la otra parte del Atlàntico se me cree italiano por tener algùn gen italiano, aunque muchas veces me toque igualmente ser visto còmo a muchos otros, con el mismo desgrado y la misma rabia con que se ve a quien vino a robarle un pedazo de pan a tus hijos.

FIN.


Gabriel

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